martes 12 de mayo de 2009

Como si la tierra me llamara...



Sucede que cuando menos lo esperas, las cosas mas increíbles ocurren... incluidas esas cosas tremendas que hace un día atrás tenias pensadas pasar por alto. Pero ocurrió misteriosamente como si alguien omniciente fuese capaz de dirigir mi vida de tal manera que todo acontecimiento fue desencadenando un bello hecho tras otro; algo así como un efecto mariposa al mas puro estilo de una película de disney.

Corría el invierno del 2008, frío y penumbrosos como los que azotan cada año en Santiago; cortes de luz, velas por todos lados y una lluvia que entre cada gota concentrada de smog que caía en mi ventana solía traer consigo algo llamado "rutina", algo muy agotador pero también resignante.

Junto a mi familia partimos a eso de las 4 am rumbo al aeropuerto acompañados de un numeroso grupo de vecinos y también ( que fue lo mejor de todo) mis grandes amigos que serían testigos de la experiencia. Casi como si el destino se encargara de que hasta el momento todo saliera perfecto.

Aeropuerto Pudahuel 8:00 am salia el vuelo. Nerviosos, sobre todo las señoras primerisas en viajes de avión quedaron revolucionadas. 5 horas de viaje delicioso y llegamos a la tierra de las maravillas, una tierra con un cielo perfecto y clima extremadamente relajante. Tanto era la comodidad del momento que las ganas de dormir bajo el sol eran irresistibles. Las flores sobre nuestros cuellos repentinamente aparecieron de las manos de isleños dándonos la bienvenida a este pedazo de tierra en el océano a este gran sitio pero minimizado textualmente al Ombligo del mundo.

Nos transportaron apenas bajamos del avión a nuestras cabañas en un sitio llamado "Vai moana", un sitio rodeado de palmeras frente a una puesta de sol increíble, diseñada sólo para aquellos afortunados que podían verla, esos afortunados eramos nosotros, los recién llegados, mas bien los recién rescatados de un témpano de hielo llamado Santiago.

Desde la cabaña se escuchaban los llamados para partir de inmediato a los tour por la isla, nombres raros y lenguajes de los isleños mas extraños aún, pero lo suficiente para quedar completamente excitado de la experiencia. Toda la tarde estuvimos recorriendo bellezas naturales, pero no fue sino hasta horas mas tarde cuando visitamos la playa Anakena cuando ocurrió la situación mas asombrosa y única que me llevo a soñar despierto diariamente desde entonces...Mis pies en el mar, ese mar salado, cristalino y virgen que únicamente hay a 7 mil kilómetros lejos del continente, reaccionando de una idea burda y ciega, de una niebla que no dejaba apreciar la verdad, como si mis propios ojos se hubieran encargado de tal acto tan cruel. Me di cuenta que estaba pisando Rapa Nui , "tierra grande" en el dialecto isleño, tierra hermosa, tierra natural, tierra pura y mágica que pocos en el mundo pueden llegar a pisar, los peces de colores jugando entre mis piernas mientras me iba sumergiendo lentamente en la claridad del agua, como si lo estuviera disfrutando como ninguna cosa antes, "gracias Dios" me repetía en voz alta una y otra vez consumiendo cada segundo de mi privacidad (cosa que no haga para nada comúnmente), la emoción inundo mi sentido, mi corazón estalló en un milisegundo, destronando todo rencor, toda pena y amargura que algún día se apoderó de mi sentido común; ahora... nada importaba sólo yo y ese mar, sólo yo y esos peces, sólo yo y mis lágrimas perdiéndose mientras mi cabeza se sumergía completamente en el mar turquesa.

Los próximos 3 días fueron disfrutados de la misma manera, solo que cada día era algo mas fuerte, como si la magia de aquella tierra me invitara a quedarme, a vivir y morir en ella, me ofrecía felicidad plena con solo mirarla, los moais, las palabras que aprendí, las leyendas, los habitantes y su dependencia con la naturaleza. No podría seguir explicando las mil y una maravilla que sentí aquellos días, por que no basta sólo con decirlas, la verdad es que hay que vivirlas, esta complicidad con el entorno verde; costaría caro el resto de mi vida, me haría prometer bajo el juramento de un tatoo del "tannata manu" (EL HOMBRE PÁJARO) que volvería por mi revancha de amor, por el corazón que algún día de Junio dejé enterrado en la isla; agradeciendo que me devolvió la vida y muchas otras cosas más. Para tí y como puntapié inicial de este blog llamado Mira-mas-de-cerca, mi tierra querida Rapa-nui.




2 comentarios:

  1. Muy bueno el relato, está claro que aquella tierra te impactó, te enamoró. Como mínimo sabes que puedes volver siempre que quieras ;)

    ¡Un saludo!

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